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Los meridianos y los puntos de acupuntura

Los meridianos

Se tradujo como“ meridianos“ a las cadenas de naturaleza inmaterial que recorren la superficie del cuerpo descritas por los chinos de la antiguedad. Dentro de la concepción china de la vida como el resultado de la animación otorgada por el soplo vital“ (Qi) que circula de un modo rítmico y ordenado por los meridianos, todas las actividades del individuo -desde las somáticas a las psíquicas-, están energéticamente representadas en ellos. Este hecho los convierte en veraderas "líneas de resonancia” de la fisiología orgánica.

Los meridianos constituyen, de este modo, un complejo entramado encargado de gestionar tanto las actividades propias del sujeto, como sus relaciones con el entorno. Por citar algunos ejemplos: el desarrollo del cuerpo, la absorción de los nutrientes del exterior, la eliminación de los residuos orgánicos o el movimiento del armazón musculo-esquelético.

En función de la naturaleza de las actividades que rigen, los meridianos están clasificados en varios grupos: los Extraordinarios (Qi Jing Ba Mai), los Principales (Jing Zhéng), los Tendino-musculares (Jing Jin), los Distintos (Jing Biè) y los Relacionales (Luo Mai).

Al margen de dichas categorías, cada canal está situado en un determinado nivel energético, el cual está analógicamente relacionado con la zona corporal que recorre. Por ejemplo, los meridianos que rigen los fenómenos Yang por excelencia pertenecen al nivel más Yang (Tai Yang) y, en coherencia, su circulación discurre por las regiones más Yang del organismo: cabeza y espalda.

Una de las mayores dificultades del estudio de la acupuntura es el estilo con que fueron escritos los textos clásicos. En la tradición oral previa, el maestro escogía a sus alumnos, y solamente administraba conocimientos en la medida que el pupilo era considerado merecedor de los mismos.

Desgraciadamente para nosotros, el paso al texto escrito mantuvo ese espíritu crítptico de enseñanza, apto solamente para el iniciado. Un ejemplo de ello lo encontramos en que, en los arcaicos tratados de acupuntura, apenas se citan algunos aforismos sobre las funciones de los meridianos. Sin embargo, desvelar todas sus resonancias resulta esencial para el médico acupuntor, ya que dicha información es básica para decidir, con confianza y acierto, cual de ellos vamos a emplear en cada caso para resolver la patología de un paciente concreto.

 

El punto de acupuntura

Los chinos de la antigüedad ubicaron con precisión, en el seno de los meridianos, unas acumulaciones o nudos energéticos que denominaron “puntos”. Así, cualquier alteración funcional siempre resonará en algún meridiano (y más específicamente, en un punto determinado del mismo), pudiendo manifestarse con diversos síntomas. Inversamente, hay evidencia clínica de que la estimulación del punto correspondiente, mediante la inserción en su seno (y posterior manipulación) de un fina aguja de metal, tiene el efecto de corregir el mecanismo alterado, eliminando las molestias del paciente.

En el punto de acupuntura (término que algunos autores norteamericanos traducen, más gráficamente, como “agujero”, ya que se trata de un espacio con forma de cono invertido, cuyo límite superior ocupa un diámetro de 2 mm en la superficie de la piel) se inscriben ambos mecanismos de la resonancia: el receptivo y el activo.

La estimulación de un solo punto de acupuntura desencadena una enorme cascada de efectos energéticos en el cuerpo. Activa, en primer lugar, la circulación de todo el meridiano al que pertenece, movilizando -como si de una ola se tratase- tanto al meridiano que lo precede en el ciclo nictameral (de predominancia horaria), como al que lo sigue. Esta marea afecta, indirectamente, al meridiano situado exactamente en el polo opuesto del citado ciclo (fenómeno que se denomina "ley mediodía- medianoche"). En el caso de que el punto en cuestión sea locus de intersección con otro meridiano distinto al propio, su puntura también movilizará a este último (con todo lo que ello conlleva).

Por si todo esto fuera poco, si se trata de un punto perteneciente a una categoría determinada (puntos Shu Antiguos, Xi, Luo, etc..), ello le supone acciones adicionales.

Finalmente, cada uno de los puntos de acupuntura gobierna actividades estrictamente derivadas de su naturaleza intrínseca.

De nuevo, a nuestro pesar, la única información que sobre los puntos hallamos en los libros antiguos de medicina china son su localización, los ideogramas que los definen (que están muy lejos de ser elegidos al azar), y la enumeración de una miríada de síntomas variopintos que cada uno de ellos puede tratar, sin ninguna explicación adicional.

Aunque es frecuente que un síntoma figure entre las indicaciones clínicas de varios puntos, la experiencia demuestra que solamente la estimulación de alguno de ellos es capaz de resolver la dolencia de un paciente determinado. Por tanto, las indicaciones teóricas de cada punto, descontextualizadas, resultan aleatorias en la práctica si no se dispone de ningún otro criterio que permita restringir su búsqueda. Una solución estriba en identificar, en primer lugar, los canales susceptibles de registrar la resonancia de una determinada patología, antes de aventurar cual puede ser el punto diana.

Los textos chinos contemporáneos, tratando de paliar el oscurantismo de los precedentes, han adoptado el sistema diagnóstico de otra modalidad de tratamiento de la medicina tradicional china: la fitoterapia.

En dicha adaptación, denominada “Los síndromes de los Zang Fu”, se infieren las atribuciones de cada meridiano en función de su relación con la dinámica del órgano interno al que está vinculado, y cada uno de los puntos del mismo, gestionaría determinados aspectos implicados en la actividad de ese órgano. Ello permite justificar la capacidad del punto de tratar gran parte de los síntomas (citados en los textos clásicos), que su alteración es susceptible de generar.

Este sistema diagnóstico supone un avance en la clarificación de las acciones de cada punto, y se ha erigido como la modalidad de acupuntura más difundida en la actualidad.

En 1982, el médico acupuntor francés Jean-Marc Kespi postuló (entre otros conceptos interesantes) una sugestiva hipótesis: cada punto expresaría, en última instancia, un "movimiento energético" muy específico, dentro de las posibles resonancias de su meridiano (que irían más allá de su mera relación con un órgano interno). Partiendo del análisis de la variada sintomatología de cada punto, logró inferir, para muchos de ellos, su dinámica esencial. Visto de este modo, la sintomatología descrita por los textos antiguos de acupuntura correspondería, en realidad, a la manifestación (a diferentes niveles y en diferentes ámbitos) de la imposibilidad de realizar el movimiento energético concreto que sobre él resuena. Esta perspectiva nos proporciona una visión más rica y, al mismo tiempo, más simple de las propiedades de los puntos de acupuntura.

Ya a mediados del siglo XX, George Souliè de Morant (personaje de gran inquietud intelectual que vivió 30 años en china, y tuvo el privilegio de aprender acupuntura directamente de los médicos del emperador), había transcrito en su obra magna una consecuencia de este concepto del uso individual de los puntos, presente en la tradición china:“... los puntos que hay que estimular: apenas uno o dos. El acupuntor deseoso de perfección y deseoso de tener un 100% de éxito, se ejercitará en este método”.

Esta interpretación de los puntos como pivotes energéticos globales queda reforzada por el hecho de que, en algunos pacientes, se da la circunstancia de que casi todos sus síntomas figuran entre las indicaciones de un solo punto de acupuntura. Trabajando bajo esta óptica, algunos especialistas han detectado, con observaciones clínicas, determinados matices que acompañan las repercusiones de la alteración de un punto específico, lo que contribuye a dilucidar en futuros pacientes cual puede ser el punto implicado.

Dado que, como se ha explicado anteriormente, la estimulación de un solo punto de acupuntura genera una gran marea energética, es de suponer que la adición de cualquier otro estímulo análogo pueda contrarrestar algunas de sus improntas, mermando la contundencia de su sola acción. Por tanto, en el caso de que una persona sufra las consecuencias de la alteración de un solo movimiento energético, parece razonable pensar que - si se acierta en la elección del punto diana- su puntura única sea la que proporcione el mejor resultado.

Hay otro aspecto relevante al respecto. No olvidemos que la medicina china asienta sobre una cultura milenaria. El grafismo de su lengua, a diferencia de la nuestra, no está compuesto por signos, sino por imágenes (denominadas ideogramas) que evocan elementos, acciones o características. El significado de cada carácter chino es, por tanto, mucho más rico y complejo que el de su traducción en palabras las cuales, inevitablemente, lo empobrecen al tener que resumirlo bajo un solo concepto.

Los ideogramas que definen a los puntos tienen, por tanto, varias lecturas posibles, lo cual enriquece y amplía su significado, posibilitando una lectura simultánea del mismo elemento en registros diferentes. Además, los textos clásicos de medicina china emplean varios caracteres secundarios, además del principal, para definir cada punto de acupuntura.

Actualmente, en China, Europa y EEUU (por citar algunos ejemplos), hay sinólogos dedicados a la interpretación de dichos ideogramas. Esta aportación suya ofrece a los acupuntores contemporáneos una valiosísima información adicional respecto de la naturaleza esencial de cada uno de los puntos.

En el proceso de inmersión en el estudio de los textos de acupuntura, uno se va percatando progresivamente de que nada en ellos parece atribuible al azar. La adecuada aplicación clínica de los conceptos decantados en ellos corrobora la veracidad y la sutileza de sus evocaciones. Este hecho, que se traduce en la contundencia de algunos resultados, deviene el estímulo que impele al médico acupuntor a seguir profundizando en los enigmas que destilan los tratados clásicos, pese a la creciente certeza de que nunca logrará desvelarlos por completo.

 

Dra. Carmen Martorell