Arte y práctica de la Acupuntura

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"La Vanguardia”

Lunes, 30 enero 2006

 

Me impulsó a redactarlo la posibilidad de ofrecer, a través del relato de un caso clínico real, un atisbo de la complejidad de esta medicina al lector lego en la materia. Más allá de la visión un tanto simplista que se suele divulgar de la acupuntura, su correcta praxis requiere un diagnóstico individualizado.

 

La Medicina Tradicional China, de la cual la acupuntura es una terapéutica, está basada en una visión integral del hombre. Empezaron a describirla los antiguos hace dos milenios, pero sigue en evolución. De pensamiento fundamentalmente analógico, constituye un buen modelo para explicar los trastornos en el funcionamiento del organismo que no tienen su causa en una lesión corporal.

Tiene leyes estrictas, pero polivalentes, con las que se puede razonar. Por ello, en su más refinada praxis, no se limita a la aplicación de tratamientos estandarizados, sino que ofrece abordajes diferentes para un mismo síntoma, en función del paciente que lo sufre.

Como ejemplo ilustrativo, expondré el caso de una mujer a quien dolían los hombros desde hacía cuatro años, a raíz de un traumatismo, con una inflamación objetivada mediante ecografía. Sus dolores eran atípicos y diferentes en ambos hombros (por lo que descarté la posibilidad de un bloqueo energético en la articulación), pero ambos se irradiaban por la cara externa de los brazos describiendo un trayecto cuya topografía coincidía con la de un "meridiano".

Los chinos antiguos describieron de un modo preciso la circulación de la energía de la vida que nos anima: su recorrido por el cuerpo dibuja en superficie unas líneas, que denominaron meridianos, que mantienen relación con el interior del organismo y cuyo estado refleja el funcionamiento interno.

Otra interpretación más sutil de este fenómeno sería describirlos como locus de "resonancia". La energía que circula por los meridianos lo hace en mareas, con horas de mayor aflujo en cada uno de ellos a lo largo del día, generando un equilibrio dinámico. Así, la plenitud energética en un meridiano coincidiría con un vacío relativo de su opuesto.

Tras averiguar el resto de síntomas y antecedentes de la paciente, examiné su lengua y sus pulsos, pilares básicos del diagnóstico chino, que nos dan información sobre su estado general. Sin embargo, una vez ordenada la historia clínica, seguía sin hallar una explicación energética a su dolor. Además, me sentía contrariada por la mala sintonía establecida con esta mujer, a quien parecía molestar mi inquisitivo y detallado examen.

Los meridianos constituyen una compleja red de canales, y tienen en su seno zonas de mayor condensación energética: los denominados “puntos de acupuntura”. Los más primitivos son los meridianos extraordinarios, que tienen puntos de conexión con los demás, y que parecen expresar características muy básicas y primarias de nuestra especie.

Según la teoría china, un desarreglo energético -manifestado en un punto de acupuntura-  puede producir variados síntomas, físicos o psíquicos, que los textos clásicos describen con minuciosidad. Inversamente, el hecho de estimular ese punto concreto, insertando en su seno una fina aguja, incidiría, de modo indirecto, en el restablecimiento de la función alterada.

En el caso que nos ocupa, las características de algunos otros síntomas (cefalea, dolor abdominal), podían ser atribuidas a la alteración de un meridiano extraordinario: Chong Mai. Sobre éste, considerado un gran organizador, puede resonar una desestructuración debida a cambios importantes en la vida que el sujeto no es capaz de integrar (posteriormente, la paciente me confirmó esta circunstancia personal, causante de su irritabilidad).

Tratando de buscar una explicación energéticamente lógica que justificara todo el cuadro, me percaté de que el punto que activa Chong Mai (B4) pertenece al meridiano exactamente opuesto al de su dolor. Aunque, al consultar las indicaciones terapéuticas descritas en los textos clásicos para dicho punto, el  síntoma "dolor de hombro" no aparecía, se lo punturé (una sola aguja en la cara interna de cada pie), ante la perplejidad de mi paciente, quien esperaba recibir un tratamiento más "intensivo" en la zona afecta.

Una semana después, el dolor se había reducido un 75%. Otra sesión lo eliminó definitivamente.

Probablemente, jamás volveré a tratar un dolor de hombro con el punto B4. Sin embargo, en este caso concreto, limitarse a aplicar una terapia local estándar sin desarmar el mecanismo subyacente hubiera procurado solamente un alivio transitorio. En mi experiencia personal, cuanto más específico es un tratamiento, más eficiente resulta.

Por eso, el modo en que habitualmente se ha utilizado el método científico para evaluar la eficacia de la Acupuntura la desvirtúa, ya que emplea un protocolo idéntico para tratar distintos individuos.

Empecé a estudiar Acupuntura  menospreciando sus teorías, pero atraída por sus resultados. Veinte años después, pienso que pretender reducir a una explicación estrictamente somática los fundamentos de una terapéutica tan sofisticada, producto de una cultura muy distinta a la nuestra, es un error. A medida que profundizo en sus crípticos textos y la someto a prueba, la medicina china me seduce con una concepción del hombre bella y acertada. Ejercerla puede ser un arte.